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martes, 10 de septiembre de 2013

De picnics, tortillas y papas

Hay comidas y sabores que tienen un lugar especial en nuestra memoria, generalmente por algo de nostalgia y por algo de construcción propia.

Para mí uno de esos platos es la tortilla española. La tortilla era el plato estrella del padre, en otra época de mi vida en donde todavía no hacía paellas, o por lo menos yo no las recuerdo; pero sobre todo era el plato de los picnics. De un sábado a mediodía, jeans, tenis y tres tortillas en la barra de la cocina, en los platos blancos de toda la vida. Siempre una tenía chorizo.

La tortilla española sabe a eso, a vernos con los demás en un punto y manejar muchísimas horas (o 45 minutos, depende quién lo midiera) para vernos en otro punto, generalmente a la mitad de la nada. Poner un mantel en el que no nos podíamos sentar, sacar jamones, quesos y demás comida para compartir y esperar que Mata trajera un buen postre. Comer como locos y dejar a los papás tomar vino (sabios desde entonces) mientras nosotros íbamos a ver que encontrábamos. Rios, bichos, animales muertos, cualquier cosa servía.

Y ayer pensé que después de tanto tiempo de haberlo visto nunca había hecho yo una tortilla, ni siquiera se me había ocurrido.

Y ya vi que viví engañada por el padre, claro que tiene un punto. Pero es fácil, barato, y buenísimo. Y todos deberíamos de saber hacer una tortilla medianamente buena, porque es una gran alternativa a muchas cosas.
Ésta es la versión básica. Sin chorizo. Porque así me gusta más a mí.

Al final calculé mal y me sobró de todo, así que hice dos tortillas pequeñas. Que es el único tamaño, no intenten hacer una tortilla enorme, porque  esas no las voltea nadie. *
Ingredientes
  • 3 papas
  • 1 cebolla grande, o 2 pequeñas
  • 12 huevos*
  • Aceite de oliva. Bueno y mucho
  • Sal


Hay que partir las papas y la cebolla, como quieran, a mí me gusta que las papas estén en láminas muy finitas, pero igual las pueden hacer cuadritos o lo que sea.

Y ponerlas a freír en aceite de oliva, suficiente aceite, hasta que las cebollas estén transparentes y las papas cocidas. Si cuando las pruebas saben a almidón, todavía no están cocidas. Después hay que escurrir el aceite que sobró.

En un bol hay que revolver 6 huevos y ahí hay que echar la mitad de las papas y cebollas mezcladas. Aquí hay que salar lo huevos. Y si tienen tiempo dejarlo un rato, el tiempo ayuda.  Ahora en un sartén pequeño* y de preferencia antiadherente poner aceite de oliva y echar la mezcla del huevo con papas y cebollas y prenderlo a fuego medio. Y esperar, y rezar que puedas voltear eso. Y pensar cómo se te ocurrió que esto era una cosa fácil y seguro vas a acabar tirando a la basura una cosa sin nombre y tu casa va a oler a huevo 6 meses.  Después de todo eso volteas a ver el sartén y te das cuenta que no, que no se ha pegado, que se está cociendo bien y que huele delicioso. Si este es el resultado, un pequeño baile de triunfo es permitido.


Después volvemos a llorar de nuevo, porque éste es sólo el principio y ahora hay que voltearla. Cuando esté cocida de los lados, la puedas despegar del sartén, y hayas recodado que eres capaz de hacer todo lo que te propongas, es hora de respirar profundo y voltearla.

Para voltearla se usa un plato. Siempre. Y maña y fuerza. Porque pesa horrores.
Hay que deslizar la tortilla en el plato, para que quede abajo la parte cocida. Y después poner el sartén volteado sobre la parte cruda y voltear todo junto. En un solo movimiento. Las lágrimas se permiten en esta parte.Si tienen otro método mejor, adelante. Pero NUNCA al aire.

Después quitar el plato y darte cuenta que no he tan malo como pensabas, y que muy probablemente puedas no sólo comerte eso, sino compartirlo. Aquí hay que dejarlo unos minutos más, mientras bailamos por nuestro éxito.  O se lo whatsappeamos al padre para que se sienta orgulloso.

Cuando este tiempo acabe la tortilla está lista, generalmente es más linda la parte de abajo, porque lleva menos tiempo en el fuego y se ve menos fea, de modo que para servir se vale repetir el movimiento del volteado. O no.

Si como a mí, les sobraron ingredientes, repítanlo todo.
Esa fue la cena de ayer, y la serví con una ensalada de jitomate cherry con albahaca y shallots. Aliñada con aceite y vinagre.





martes, 27 de agosto de 2013

Mi pasta favorita.


A veces nos pasa con la cocina que tomamos las cosas desde una perspectiva equivocada, pensamos que cocinar es una de esas cosas que tendremos que hacer eventualmente, como lavar el baño o pagar impuestos. Lo asociamos a un momento de nuestra vida que no queremos que llegue. Y al final está mal, porque cualquiera con un poco de noción se da cuenta que pagar impuestos y cocinar son dos cosas que no se parecen en nada.

Y el error viene desde muy atrás. Sobre todo si se te ocurrió nacer mujer. (Se los advertí). Pero está mal; para empezar y a mi parecer cocinar es la muestra más pura de amor propio, no cocinas para los demás, cocinas para ti. La única cocina honesta es la que se hace para nosotros mismos. Y es entonces cuando se puede y se debe compartir.

No se necesitan grandes ingredientes, ni grandes presupuestos, así como una gran boda nunca ha tenido nada que ver con un gran amor.

Tener un plato favorito (o unos) y cocinarlo para alguien es como enseñarle tus juguetes nuevos de Santa Claus a tu mejor amiga, es algo de lo que te sientes orgulloso y decides compartir. Aunque santa Claus sólo te haya traído calcetines

Entonces estos son mis calcetines, mi juguete nuevo. 

Pocas cosas me gustan más que la pasta. Me como, la que sea, como sea. Desde hecha en casa “from Scratch” hasta el espagueti de fiesta de niño chiquito que resulta más en un engrudo rojo que en cualquier otra cosa.

Pero cuando la hago yo soy mucho más estricta y tengo muchos principios que no rompo. La pasta al dente y punto, puede estar menos cocida, pero nunca más. Se hierve en agua sin nada, y hay que cuidarla. La otra cosa entre más simple mejor. La pasta es ingrediente y no sólo base.
Por esas razones ésta es mi pasta favorita, por lo menos en este momento. Porque también hay que recordar que el amor es eterno mientras dura*. 

El otro día la hice para elhermano y lacuñada. Hacerle a alguien tu comida favorita es una muestra rara de cariño que no debe tomarse a la ligera.

La receta la encontré en Lottie and Doof y es con mucho el mejor descubrimiento en su página.

 Ingredientes:
500 gramos de pasta. (La que sea)
5 jitomates (entre más buenos estén mejor será el resultado. Pero supongo que esto es obvio)
Albahaca, la suficiente.
2 dientes de ajo
Aceite de oliva y mantequilla
Sal de grano.
Aunque es la receta más fácil del mundo, el tiempo es un buen aliado.

Es muy fácil de hacer, hay que partir los jitomates en cuadros grandes y los echarlos a un bowl y espolvoreamos la sal de grano. Esto hace que los jitomates “suden” y ese líquido va a ser después parte de la salsa. A ese mismo bowl le echamos la albahaca cortada en listones grandes.Entre más tiempo tenga este proceso mejor. 

Mientras hay que hervir una olla grande de agua para la pasta.

Por otro lado el ajo hay que picarlo súper fino y freírlo en la mantequilla y aceite de oliva. Antes de que se queme hay que echar el jugo de los jitomates. Con el sartén ya apagado los jitomates y la albahaca, la idea es no cocinarlo

Cuando la pasta esté lista, o mejor un minuto antes de que esté lista para que no se pase, hay que escurrirla y en un platón y mezclarla con la salsa.

Y listo. Se puede poner pimienta pero no necesita nada más.


Las fotos las tome yo con el celular, mala luz y las manos llenas de jitomate, son meramente ilustrativas.

En otro momento de la vida que el tío fotógrafo se anime podremos tener otro colaborador más.

Hasta entonces.


Lu.





*La sabiduría desde luego no es mía, es de García Márquez, y se la debemos. 



jueves, 15 de agosto de 2013

Pater Dixit:

De paellibus.

A mí me destetaron con paella. Como paella naturalmente, naturalmente también, la cocino, la he cocinado y espero seguirla cocinando, aunque mi mujer no es mi mejor fan. Las paellas que he probado se pueden contar con los dedos de una mano, lo demás son arroces con tropiezos.

La paella, vamos aclarando, es el traste donde cocinamos el "arroz a la paella", por lo tanto la paella no se come. Pero como todo el mundo sabe de lo que estoy hablando le seguiremos en lo sucesivo llamando paella, porque hasta el Real Diccionario, de la Academia que limpia, pule y da esplendor, lo permite. Sigamos pues...

Descartes en su obra cumbre (que TODOS deberíamos leer y reflexionar, pero ese es otro tema), "El Discurso del Método" inicia diciendo:

"El buen sentido es lo que mejor repartido está entre todo el mundo, pues cada cual piensa que posee tan buena provisión de él, que aun los más descontentadizos respecto a cualquier otra cosa, no suelen apetecer más del que ya tienen."

Parafraseando a Renato, les digo "Todo el mundo sabe hacer paella" o por lo menos es lo que todo el mundo cree, ah, por que además todo mundo decimos hacer la "verdadera, original y auténtica Paella Valenciana" con la receta original de: _______ (aquí cada uno pone: abuelo, tio, padre, compadre, etc.,) que a su vez la aprendió de __________ (aquí se pone: Dios, el presidente de la Generalitat Valenciana, el Chef fulano, Cristóbal Colón, etc.). 

La verdad es que no existe el "santo grial" (Saludos a Dan Brown) de la paella. No hay una receta primigenia, única, exclusiva, verdadera u original. La respuesta es que la paella, como la pizza, es un plato de pobres, -aunque no lo crean- un plato con el que un pescador o un agricultor valenciano trataba de dar de comer dignamente a su familia; una base abundante de arroz, con lo que se pudiera encontrar de pescado, recortes de embutidos, legumbres, caracoles de jardín, etcétera. Un plato donde -no la abundancia de mariscos o de chorizos- o el tamaño de los langostinos antediluvianos, es lo importante, sino que el arte y la armonía de lo logrado eso es lo que verdaderamente vale y se aprecia en una buena paella.

Lo que sí existe es el espíritu de la paella, que sí se hereda y se aprende (o se pasa la vida tratando de entender y aprender). Sería muy pretencioso tratar de definir ese espíritu, pero les puedo dar algunas reglas fundamentales:

  1. La paella no se tapa, hay que distribuir el contenido de manera que ni se tape ni se tenga que mover.
  2. Cualquier paella, en el mejor de los casos, es tan buena como el fondo con el que está hecha.
  3. SIEMPRE lleva azafrán, no sustituto de azafrán.
  4. No hay paella sin socarrat, si el socarrat no se forma, o se quema, la paella es un fracaso, aunque se pueda comer y esté muy buena.
  5. Los mariscos siempre se cuecen con el arroz.
  6. La decoración se pone inmediatamente después del caldo, nunca al final.


Hacer paella no es cualquier cosa....


Continuará...

martes, 13 de agosto de 2013

El principio

Dicen que eres lo que comes. Yo creo que también eres lo que cocinas.

Tampoco es que eso signifique que yo sepa a ciencia cierta qué es lo que soy, pero vamos a decir que en base a esa segunda premisa cuido más lo que cocino.
Éste es (será) un blog de cocina, porque es lo que me gusta hacer y es mi blog y es lo que se me antoja, pero eso no quiere decir que sea a lo que me dedico ni que tenga ningún conocimiento profesional sobre el tema.

La idea es que elhermano coopere con este chisme, porque él sí cocina, yo nada más invento, dijo que sí, pero mientras tanto hay que empezar con algo. También habrá que invitar a elpadre que es quien nos enseñó a cocinar a todos. Ojalá se anime.  La madre también está invitada y también de ella cocina, aunque no lo confiese. 

Crecimos comiendo, que es muy distinto a decir que comimos para crecer. La comida en nuestra casa fue siempre una religión común, que si conocieran mi núcleo familiar es mucho decir. Y en la casa comemos de todo y decimos que cocinamos de todo. Eso último no aplica todavía para ninguno de los miembros de la familia.

Se supone que esto es un proyecto compartido y cada quien hará con él lo que le venga en gana, por lo pronto y desde mi escritorio yo cocino lo que hay. Compro cosas normales en súper, trabajo de tiempo completo en la fábrica de aviones, que no se relaciona par nada con la comida y la cocina de mi casa mide casi lo mismo que cualquier cubículo Godínez. Así que no hay pretexto, creo que todos podemos cocinar. Y si me presionan tantito diría que debemos.


Antes de acabar con esto voy a hacer una explicación brevísima, para elpadre las chiras y sobre todo los cuchillos son un bien preciado. Podíamos robar cualquier botella de la casa pero si faltaban chairas o cuchillos ardía Troya, a la fecha elhermano y yo los seguimos robando. También para nosotros son un bien preciado.  

L.